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¿Es posible tener un parto humanizado en la República Dominicana?

Updated: Nov 22, 2019

Por Leiko Hidaka CD(DONA), ICCE


A pesar de que nuestro país es signatario de tratados internacionales sobre los derechos humanos, los derechos de la mujer y los derechos de la niñez, que suponen llevar un nivel de compromiso legal en su aplicación, estos acuerdos no se ven plenamente reflejados en la práctica cotidiana. En lo referente a la atención a la mujer, al embarazo y al parto, las prácticas que predominan se basan en el modelo de biomédico, el cual no toma en cuenta factores psicosocioales que inciden también en el bienestar de las personas. A esto se suma el hecho de que el nivel socioeconómico determinan en gran medida las opciones y el nivel de calidad de atención a las cuales se tiene acceso.


Nos podríamos preguntar entonces, si este es el contexto en que vivimos, ¿es posible tener un parto respetado dentro de este modelo?


Para desarrollar esta reflexión abordaremos el análisis observando los siguientes elementos: – ¿Qué es el “parto humanizado”. – ¿Existe este modelo de atención en la República Dominicana? – ¿Depende del sistema médico la posibilidad de tener una atención humanizada al parto?




¿Qué es el “parto humanizado”?


El concepto de “parto humanizado” se deslinda de la declaración de Ceará, producto de la Conferencia Internacional sobre la Humanización del Parto celebrada en noviembre de 2000 en la ciudad de Fortaleza del Estado de Ceará, en Brasil. En ella se define la “humanización” como “un proceso de comunicación y apoyo mutuo entre las personas, encauzado hacia la auto-transformación y hacia el entendimiento del espíritu esencial de la vida” y hace énfasis en la aplicación de este enfoque en los cuidados que se proveen al comienzo de la vida humana[1].


En base a lo anterior distintas instituciones y organizaciones internacionales generaron una serie de recomendaciones para orientar y materializar este cambio de paradigma en la atención al parto, tomando en cuenta la importancia del aspecto psicosocial y la evidencia científica[2]. Es posible observar que en todas las recomendaciones y guías existentes respecto a la atención humanizada de la labor de parto existen cuatro aspectos fundamentales:

1) El rol de la madre y el bebé como protagonistas 2) El respeto a los sentimientos, deseos y decisiones de la madre 3) El respeto al proceso fisiológico del parto 4) El trato cálido tanto para la madre como para el bebé




¿Existe este modelo de atención en la República Dominicana?


Como mencionamos al inicio de esta reflexión, las prácticas que predominan en nuestro país en cuanto a la atención al parto se basan en un modelo médico cuyos enfoques no incluyen aspectos psicoemocionales de la madre como las preferencias particulares basadas en costumbres o tradiciones propias, el apoyo físico y emocional continuo, la privacidad e intimidad de su proceso de labor de parto y nacimiento, el nivel de satisfacción con su experiencia de parto, entre otros. Aunque existen proveedores de salud que se manejan en el marco de otro modelo de atención que sí toma en cuenta estos aspectos, no es una práctica generalizada.


Sobre este modelo, hemos llegado a entender y asumir una serie de prácticas como “normales”  durante la atención al parto, cuando en realidad raras veces son verdaderamente necesarias y algunas incluso son completamente innecesarias y aumentan riesgos para el bienestar de madre y/o bebé. Vemos el uso frecuente de enemas, ruptura artificial de membranas (cuando es el médico quien la rompe, y automáticamente inicia un conteo regresivo por temor a infecciones que establece un plazo entre 12 y 24 horas para que ocurra el parto, o el bebé será ingresado a cuidados intensivos), colocación de pitocín para acelerar e intensificar las contracciones (lo cual interfiere con la producción de endorfinas que son analgésicos naturales que permiten al cuerpo de la madre manejar las contracciones, puede causar un incremento o descenso en los latidos fetales que requiera cesárea de emergencia, entre otros), uso de analgesia farmacológica (puede hacer que baje la presión de la madre afectando el suministro de oxígeno al bebé, puede reducir o detener las contracciones haciendo necesario el uso de pitocin para reactivarlas y los riesgos que éste conlleva, la labor de parto y el período de expulsivo puede ser más larga, puede afectar el establecimiento de la lactancia).


En el año 2016 el Ministerio de Salud Pública elaboró el Protocolo de Atención Para Obstetricia y Ginecología, promulgado mediante la resolución No. 000010 del 30 de marzo de ese mismo año y el cual incluye directrices para la “atención durante el parto normal”.

En este documento establece que:

“El parto normal es el proceso fisiológico con el que la mu­jer finaliza su gestación a término. Su inicio es espontá­neo y culmina con el alumbramiento del recién nacido. No necesita de más intervención que el apoyo integral y respetuoso del equipo de profesionales de la salud.”

Protocolo de Atención Para Obstetricia y Ginecología, Ministerio de Salud Pública, 2016



Esta iniciativa del Ministerio de Salud Pública muestra una intención de cambio, muchas de sus recomendaciones apuntan a un trato humanizado medianamente respetuoso del proceso fisiológico, empero algunas lagunas y puntos discutibles. Sin embargo, a pesar de que el primer párrafo de este documento legal establece la obligatoriedad de “todos los servicios y establecimientos de salud públicos, privados, patronatos y ONG a acatar el uso de protocolos de atención para los principales eventos en el proceso asistencial, como herramientas operativas fundamentales para mejoría continua de la calidad de los servicios prestados”, no es aplicado en nuestros hospitales y clínicas. Ahora bien, es una herramienta legal en la cual nos podemos apoyar para exigir un trato distinto al habitual y más inclinado hacia el apropiado.




¿Depende del sistema médico la posibilidad de tener una atención humanizada al parto?


Lo primero a tener presente es que nosotras, las mujeres, así como somos dueñas de nuestros embarazos y partos somos responsables de los mismos. Esta responsabilidad implica la toma consciente de decisiones, que si bien depende del conocimiento de las opciones para poder elegir, también significa asumir el mando y los riesgos que nuestras decisiones conlleven, y no pretender que “ponernos en manos” del proveedor de atención automáticamente nos libera de esta responsabilidad.


En distintos círculos de apoyo a las mujeres embarazadas y al parto se escucha hablar de la forma en que tal o cual médico actuó, aquello que hizo en contra de la voluntad de la madre, la forma en que las enfermeras u otros médicos trataron a la madre, a la pareja o al bebé o las condiciones de infraestructura o equipamientos de la clínica. Sin embargo, ¿por qué se eligió a este médico y esta clínica para dar a luz?


Tanto la madre como su médico, la clínica y las personas involucradas en el proceso son parte de un sistema y como tal las cosas no funcionan de manera independiente, sino más bien interdependiente. El maltrato, un manejo inadecuado, el irrespeto a las opiniones, deseos y sentimientos de la madre, no son justificables, sin embargo no es un secreto que estas cosas son comunes en la cotidianidad de la atención al nacimiento y esperar al final del embarazo o al mismo día del parto para obtener algo distinto es poco realista además de extenuante en un momento en que la madre se encuentra vulnerable.


He conocido mujeres que a pesar de estar conscientes de que su médico tiene una alta tasa de cesáreas y que la clínica que han elegido es conocida por prácticas que no van con sus deseos, piensan que pueden “obligar” al personal médico y a la clínica a ajustarse a sus demandas, sin embargo, cercana la fecha o el mismo día del parto, son bombardeadas con todas las cosas contra las cuales tendrán que luchar y de repente se encuentran abrumadas, emocionalmente vulnerables, y quedan a merced de todo aquello que no querían. Aunque el cambio requiere luchar, esperar que el sistema cambie de la noche a la mañana o haga una excepción, es como ir a un restaurante italiano y pedir que te preparen sushi.


Es imperante que tanto el/la proveedor/a de atención como la madre sean claros y sinceros. La madre referente a lo que desea y el médico respecto a su capacidad y disposición de ofrecérselo. No es inusual escuchar a madres contar que le dijo a su médico que deseaba parto vaginal y durante todo el embarazo su médico parecía apoyarla, hasta que alrededor de la semana 38 de repente este apoyo pareció convertirse en justificaciones rebuscadas para una cesárea. De igual modo, se presentan casos donde el día del parto al llegar a la clínica la madre descubre que la forma en la cual se maneja el proceso no es el que ella deseaba, pero ni contaba con la información para poder conversarlo previamente con su médico ni le preguntó sobre los detalles del manejo de la labor de parto en la clínica antes de que llegara el día.


Y algo que no podemos dejar de mencionar: el entendimiento del proceso fisiológico del parto se ha ido ampliando y recuperando en las últimas décadas (aunque paradójicamente las tasas de cesáreas han aumentado [3], en parte debido a la desinformación y a las creencias erradas que ésta genera, como que un parto por cesárea es más seguro o menos doloroso). Ahora sabemos que en mujeres saludables con embarazos sin complicaciones lo más beneficioso tanto para la madre como para su bebé es el parto vaginal y que las intervenciones (inducciones, conducción de parto con pitocín, cesáreas, episiotomía, etc.) representan riesgos que solo valen la pena cuando por condiciones especiales son requeridas. Sabemos que una circular de cordón no es una indicación para cesárea, que de hecho aún las cesáreas justificables no implican la programación de la misma y que es mejor esperar el inicio espontáneo de la labor de parto, que existen medidas efectivas no farmacológicas para aliviar las molestias durante la labor de parto, que parir acostada boca arriba incrementa riesgos para la madre y el bebé, que la episiotomía muy raras veces es necesaria y que es posible proteger el perineo de la madre para que no ocurran desgarros, y así muchas otras cosas que no nos enseñan en el colegio ni en la universidad, pero que pueden sumar gran tranquilidad a la madre cuando ésta es capaz de discernir entre situaciones reales de riesgo y condiciones normales del embarazo y el proceso de parto.


¿Cómo reducir los riesgos de encontrarse en alguna de estas situaciones? Informándose, educándose y conversando con proveedor de atención. En la red se encuentran disponibles de forma gratuita recursos confiables con información y recomendaciones para tener un parto y embarazo saludable[4]. Existen también clases prenatales[5] que pueden ayudarte a conocer y entender el proceso fisiológico del embarazo y el parto, qué es normal y qué requiere atención, cómo sobrellevar la labor de parto, etc. Puedes también contratar una doula [6] quien te proveerá apoyo durante el embarazo y el parto incluyendo informaciones generales y específicas de acuerdo a tu caso particular, te ayudará a conocer las opciones y mejores prácticas, cómo manejar la labor de parto y, entre otras cosas, orientación para la elaboración de un plan de parto, el cual puedes utilizar para conversar con tu médico respecto a tus opciones y preferencias y sus posibilidades de satisfacer tus deseos y expectativas.


De la misma forma que se espera que el médico respete las opiniones y preferencias de la madre, las madres también deben respetar las posiciones de los médicos. Esto no significa aceptar cosas con las que no se esté de acuerdo, sino entender que cada médico tiene sus preferencias profesionales de práctica, y que si no son coherentes con lo que la madre desea esto no lo convierte en un mal médico, simplemente no es el médico adecuado para esta madre en particular y debe continuar buscando a un/a proveedor/a de atención que esté en la misma página que ella.


Si la madre ha elegido dar a luz en una clínica, debe saber que cada clínica tiene sus propios protocolos, a los cuales las madres se adhieren una vez firman la hoja de ingreso. Algunos de estos protocolos son flexibles con apoyo del médico, pero es importante que, por un lado, la madre sepa y exprese sus preferencias y, por otro lado, investigue con su médico y la clínica sobre estos protocolos. Es poco probable que la clínica los provea por escrito, pero es bueno informarse sobre las prácticas comunes y conversarlas con el médico para reducir el riesgo de imprevistos desagradables.


Debo hacer énfasis en la importancia de la elección de tu proveedor de atención, ya que solamente con su apoyo será posible que tus preferencias sean tomadas en cuenta. Hoy en día escuchamos de varios médicos “pro-parto”, pero no necesariamente esto significa que respetarán tus opiniones y deseos. Asegúrate de establecer una buena comunicación con tu obstetra, una comunicación de doble vía donde hablen claramente sobre lo que tú quieres y lo que él o ella, como tu proveedor de atención, te puede dar.


Hasta este punto, nos hemos referido principalmente a la atención del parto en clínicas privadas. No abordaremos en esta ocasión el tema de los hospitales públicos porque dadas sus características peculiares amerita un espacio exclusivo. Ahora bien, ¿hemos considerado la posibilidad de que existan otras opciones para el parto además de la clínica? Algunas madres deciden ir a parir a otros países si está dentro de sus posibilidades, otras madres contratan parteras profesionales que están dispuestas a viajar para atender su parto en la casa, y algunas madres incluso eligen dar a luz sin asistencia, todo lo cual demuestra que existen opciones más allá de “lo común” para quienes las buscan.


En conclusión, a pesar de las significativas dificultades que enfrentamos ante un sistema de atención que aún tiene un largo camino por recorrer, para que una mujer pueda tener el parto que desea, no sólo debe saber que tiene derechos, sino también que tiene responsabilidades que no debe delegar ni relegar porque no existen una apropiación a medias, o tú tomas tus decisiones, u otros las tomarán por tí.


___________

REFERENCIAS


[1] Cabe señalar que el concepto de “humanización” no se refiere al proceso fisiológico del embarazo y el parto en la mujer, dado que por su condición biológica de “ser humano” el proceso natural es intrínsecamente “humano”.


[2] Recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para los Cuidados durante el parto, para una experiencia de parto positiva (actualizada en el 2018); Iniciativa Internacional para el Parto y Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, 12 pasos para una atención materna madre-bebé segura y respetada (actualizada en el 2018); entre otros.


[3] De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud realizada en los años 1991, 1996, 2002, 2007 y 2013, la tasa nacional de cesáreas ha ido aumentando de 21%, 26%, 31%, 42% hasta 56% respectivamente. Esta tasa nacional desglosada por centro de salud en el 2013 muestra que en los hospitales públicos la tasa de cesáreas es de 46% mientras que en las clínicas privadas asciende a un 87%, es decir, 9 de cada 10 partos en clínicas ocurren por cesárea.


[4] Es recomendable prestar atención a la veracidad de la información que se puede encontrar en las redes, siempre es una buena señal si esta información hace referencia a la evidencia/estudios sobre los cuales se basa, y conversarlo con tu proveedor de salud.


[5] Antes de inscribirte en las clases prenatales pregunta sobre su contenido y asegúrate de que incluyan al menos los siguientes temas: el proceso fisiológico del parto, cuidados durante el embarazo, como saber cuándo inicia la labor de parto, manejo de la labor de parto, medidas de confort durante la labor de parto, señales de alerta y posibles complicaciones.

[6] La doula de parto provee apoyo continuo a las mujeres y sus familias durante el embarazo, la labor de parto y el nacimiento para ayudarles a tener una experiencia satisfactoria de la llegada de su bebé. Durante el embarazo la doula ayuda a la madre a obtener información y prepararse física y emocionalmente para tener una experiencia de parto positiva acorde con sus preferencias personales. En la labor de parto y el nacimiento, la doula brinda apoyo emocional y físico, sugiriendo medidas y técnicas para que la madre esté más cómoda, aliviar molestias, reducir ansiedades y mantener un ambiente propicio para que la experiencia sea como la madre lo desea.

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